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CRONICA DE UN TRIUNFO ANUNCIADO

Publicado el Publicado el 04/09/2007 a las 13:53 a las 13:53 por . | 105 lecturas | Trackback

Apuntes políticos
Crónica de un triunfo anunciado

No será necesaria ni la astucia del león ni la fuerza del zorro durante la campaña electoral hacia octubre: ni la sumatoria de escándalos, ni posibles alianzas electorales ponen en tela de juicio el abrumador triunfo del oficialismo en primera vuelta. La falta de un campo opositor coherente y consolidado.

Por Ignacio Chausis y María Soledad Gago. Politólogos.

Primero fue, apenas iniciada la gestión Kirchner, la polémica en torno a cuantiosos fondos provinciales depositados en Suiza, por una suma que hoy día pocos pueden precisar cual es. El segundo escollo importante tuvo que ver con la firma Skanska y un supuesto pedido de coimas aún investigado por la justicia. En momentos en que los medios masivos de comunicación ocupaban enormes espacios abordando el tema, un bombero, durante una inspección de rutina, encuentra una bolsa con 60.000 dólares en el baño privado del despacho de la ministra de Economía Felisa Miceli. Se habla de gastos suntuosos y descontrolados en el área de la Secretaría de Medio Ambiente y mientras la inflación real alcanza su mayor diferencia con la informada por el descabezado INDEC, un misterioso y oscuro empresario venezolano intenta ingresar 800.000 dólares, procedente de Venezuela, y en un vuelo fletado por la empresa estatal argentina Enarsa…

En vísperas de una campaña electoral que pone en juego el premio mayor, es decir, el acceso a la primera magistratura, un panorama como el anteriormente descrito daría nuevos bríos a una oposición que aspire a jugar un papel serio en la futura contienda electoral. Sin embargo, mirando hacia octubre, tal situación no parecería afectar el perfil triunfador del matrimonio K, quienes, desde un primer vistazo, se postulan mayoritariamente aceptados por la opinión pública.

Los hechos recientes de corrupción serían suficientes para poner en tela de juicio a cualquier gobierno y mas aún estando a menos de dos meses de las elecciones. Sin entrar en demasiados detalles, vale la pena recordar que los episodios de corrupción que, durante los últimos tiempos del gobierno menemista fueron conocidos por la opinión pública, provocaron efectos mensurables sobre la elección de octubre de 1999.

El discurso de “anticorrupción”, arrojado en la campaña electoral de la Alianza terminó por sacudir toda posibilidad de un triunfo “peronista” o “menemista” para las elecciones de ese mismo año. Nuevamente, algunos incidentes de ilegalidad y la posterior renuncia de Chacho Alvarez a la vicepresidencia del gobierno aliancista despertaron gruesas dudas sobre el destino de la conducción radical- frepasista. Es claro que los agudos sucesos posteriores, relacionados con la crisis terminal del modelo de la convertibilidad, terminaron por socavar aquel gobierno, pero sin duda que la puesta en titubeo de funcionarios claves de cualquier gobierno, producen profundas alteraciones para la estabilidad y continuidad de cualquier gestión.

Sin embargo, esto no se ha vislumbrado, al menos hasta el momento, con el gobierno kirchnerista

Lo anteriormente expuesto plantea un conjunto de interrogantes claves, ¿Acaso una buena parte de la sociedad pretende dar continuidad a un gobierno del cual supone que todavía no ha finalizado con el ciclo de su gestión?, ¿el relativo crecimiento económico logrado por el gobierno se impone socialmente por sobre todo acto corrupto? o ¿es porque no se encuentra consolidada una fuerza política que logre imponerse y desbaratar la estructura sólida del kirchnerismo? Creemos que hay un poco de todo esto.

El gobierno menemista, desgastado después de 10 años de gestión, no podía ya esconder la corrupción, las transacciones sospechosas y todo una cadena de ilegalidad acontecida desde sus primeros albores. Esto coincidió con el surgimiento de una alianza electoral que, desde algunos años antes, se venía formando únicamente con el fin de ganar, principalmente, el ejecutivo nacional. Lo mismo, pero a la inversa, habría ocurrido con la “renovación peronista” del 89’ y la renuncia anticipada de Alfonsin a la presidencia. Y la renuncia de De la Rúa, aunque problemática en sus inicios, logró compensarse con la toma del poder por parte de los “peronistas”/“Antimenemistas”, que le otorgarían a Kirchner la abrumadora fortaleza que hasta hoy mantiene.

Al igual que con el triunfo de Menem en el 95’ - cuando el miedo por la vuelta de una hiperinflación descontrolada dio una nueva victoria a un gobierno que aunque corrupto, había logrado tapar la crisis económica del 89’-, el relativo crecimiento económico, la reducción del desempleo, y el superávit fiscal, alcanzado por este gobierno logra imponerse sobre el temor a una crisis semejante a la del 2001. Si bien los efectos de la memoria se construyen desde el presente, desde la interpelación a situaciones del pasado –siempre en construcción-, es indudable que todavía está muy latente la catástrofe económica y social padecida hacia fines de 2001. Si bien persisten índices de pobreza, desempleo e indigencia sumamente alarmantes, el crecimiento sostenido y proyectado parece aglutinar un cierto consenso de aprobación entre un segmento importante de la opinión pública.

Pero a diferencia de los últimos intentos del gobierno menemista, pareciera existir hoy la necesidad de darle una chance mas a una gestión que ha llenado aquel vacío dejado atrás por la conducción aliancista, y que no se encuentra lo suficientemente desgastado como para abandonar el poder. Al contrario. Está lo suficientemente arraigado políticamente como para no ser socavado por fuerzas disidentes. Ni la victoria de Macri en la Ciudad de Buenos Aires ha puesto en turbulencia la maniobra kirchnerista.

Apoyado por una facción del radicalismo (gobernadores de Mendoza, Santiago del Estero, Corrientes, Río Negro y Catamarca) en la provincias y acompañado por otro radical en la formula presidente- vicepresidente, el kirchnerismo ha cubierto parte de zonas grises en donde, aunque llamativo suene, los radicales siguen teniendo un peso considerable. A esto hay que sumarle una “oposición sin oposición”, con la UCR dividida por doquier, y fuerzas de “centro derecha” y “centro izquierda”, que ni con los efectos exitosos de campañas electorales ultra-profesionalizadas y mediatizadas, podrían sumar chances.

A dos meses de las elecciones, aún no se han oficializados los candidatos presidenciales de la oposición. Las sospechas de un acuerdo entre el PRO y RECREAR y entre una facción de la UCR y Lavagna rondan vagamente por los medios. La confirmación de la candidatura de Carrió por la “coalición cívica”, tampoco ha despertado demasiadas sorpresas.

En medio de reiterados actos de campaña realizados por el Frente para la Victoria, la oposición, poco consolidada, misteriosa y dispersa no ha logrado, al menos hasta ahora, animar interrogantes en el público.

Semejante a las elecciones norteamericanas, donde existen distritos electorales inexpugnables para alguno de los dos grandes partidos, hoy día el ejecutivo nacional pareciera ser un distrito indudablemente ganado por el frente ”K”, que a pesar de la realización de campañas masivas (posiblemente innecesarias) se encamina, sin demasiadas dudas, hacia la victoria para la presidencia de la Nación. Sin un desdoblamiento de la elección presidencial, el efecto arrastre de esta elección supondrá invariablemente el triunfo considerable del kirchnerismo en cargos legislativos, provinciales y locales.

Como lo enseñaría Maquiavelo, lo que importa es acumular poder que, desde luego, en el sistema político argentino esta sustentado por la posibilidad de prolongación del mandato (reelección) y la elección directa con mayoría absoluta (en nuestro caso ballotage con un 45% de los votos o mas de 40% con una diferencia de 10 puntos, para la consagración del candidato). Estas reglas del juego electoral sumado a una oposición dispersa, preparan un terreno benéfico y ciertamente inclinado hacia el partido liderado por los K que, a través de una concertación con gobernantes de provincia, instaura una alianza explícita desde arriba.

Pocos conceptos de las ciencias sociales son tan difíciles de discernir, ni tan problemáticos como el de poder. En un pasaje de su monumental obra, Max Weber lo define lisa y llanamente como la probabilidad de imponer la voluntad propia en una relación social contra cualquier tipo de resistencia por parte de los otros participantes de esa relación. De momento, no parece haber demasiadas piedras en el camino de esa voluntad que se encamina hacia un nuevo mandato.

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