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Psicología Política : La representación social del nacionalismo en la Argentina.
Enviado por CIUDAD POLITICA el 20/10/2003 23:13:22 (10394 Lecturas) Artículos del mismo redactor

Si desde Ferdinand de Saussure sabemos que todo significante es polisémico, el concepto de representación social, parece agudizar esa polisemia constitutiva del significante que denunciara el lingüista ginebrino.
Por Sebastián Cruz BARBOSA y Carlos SAYAGO*
Objeto de estudio de la filosofía, la ciencia del derecho, la teoría sociológica, es fundamentalmente - en nuestra inteligencia- locus privilegiado de la articulación entre la psicología social y la psicología política.

Sin duda el nacionalismo como objeto de representación se presenta como un significante bizarro para la historia de un país crecido al influjo de la inmigración masiva, suerte de terapéutica de urgencia para restañar las heridas narcisistas de un país que hasta allí había crecido bajo el signo iluminista del progreso indefinido, y que a diferencia de los nacionalismos europeos herederos de una civilización milenaria, fundada sobre el misterio de la revelación, la filosofía griega y el derecho romano, en el caso de nuestros nacionalistas, apenas se podría reconocer como historia nacional propia algo más de cien años.

Cuál es entonces el principio legitimador de la representación social del nacionalismo, pues siguiendo aquel precepto de Moscovici, una representación emerge “donde existe un peligro para la identidad colectiva” y que “inevitablemente ha de generar una toma de posiciones contradictorias”.(Moscovici 1979).

Los atentados anarquistas en el centenario, la semana sangrienta del 19, los fusilamientos de la Patagonia agudizarán el temor ante la insurgencia proletaria, ante esa “peligrosa” masa de inmigrantes que llegaba a Buenos Aires, la hez de Europa, detritus social de “un cuerpo social engangrenado por la predica maximalista y subversiva de judíos, catalanes, italianos, polacos, rusos - que acechaban como nuevos bárbaros en los suburbios de Buenos Aires, repitiendo escenas similares vividas por ellos mismos o sus ancestros en Barcelona, Paris o Berlin.


Así en el corto lapso del 20 al 40 se instala la representación social del nacionalismo que, sea en la versión del nacionalismo aristocrático o su versión populista con el Radicalismo de Forja y el Peronismo después, hacen familiar lo extraño, integran, neutralizan esos factores de riesgo para la identidad nacional, sustancializando ideas abstractas, creando nuevos marcos de referencia e instalando un sentido común a partir de una producción discursiva, transformando conceptos en categorías del lenguaje; así el proletariado, devendrá en movimiento obrero, la burguesía en oligarquía, los partidos políticos en partidocracia y la revolución social en justicia social y revolución nacional, para finalmente ir transformando la lucha de clases en lucha contra el imperialismo y la oligarquía, descalificando como ideologías foráneas los conflictos entre las clases, nacionalizando a la clase obrera, para luego en los sesenta, nacionalizar también a los sectores medios y el estudiantado.

Mientras se expanden en la semántica popular, términos como colonia, revolución nacional, movimiento, vendepatria, cipayo, se produce la exaltación del político hispanismo, la xenofobia, el antiintelectualismo, la violencia y lo heroico, culto de la sangre y la raza, apología de la muerte, antilberalismo, antiparlamentarismo, crítica a la partidocracia, al reformismo universitarios, a la revolución francesa y a la revolución bolchevique.

Paralelamente se instalan los tres componentes fundamentales de la nueva representación social: la violencia como instrumento político, - “ la violencia en manos del pueblo no es violencia es justicia”- la legitimidad patriótica y la concepción de la política como guerra.

La violencia política en este período comprende el derrocamiento de presidentes electos por el pueblo, anulación de elecciones donde triunfa la oposición por decisión del “principe”, proscripción de partidos políticos proscriptos, presidentes electos por el 25 por ciento de los votos, bombardeos de población civil por las propias fuerzas armadas, secuestro y desaparición de cadáveres primero y secuestro y desaparición de personas vivas y aún derrocamientos de presidentes militares por sus propios compañeros de armas.

Al mismo tiempo se instala – en términos de Max Weber - una pretensión atípica de legitimidad que no se basa ni en el orden racional legal, ni en la santidad de las tradiciones, o el carisma de una personalidad excepcional, sino en la patria, como legitimidad patriótica. Patria: significante polisemico y consensual, perverso y coercitivo: todo el mundo debe amar a la patria - “la religión de la patria no admite disidentes” vociferaban los jacobinos - desde la derecha monárquica. Maurras advierte que “con la patria se esta con razón y sin razón, como se está con el padre y con la madre”.

El término revela junto con esta polisemia universal del significante sus componentes libidinales expresados en su etimología: del griego patrius, masculino que se transforma cuando se incorpora al latín en el femenino patria, deslizamiento linguistico cargado de resonancias inconscientes perversas, pues contiene padre y madre a la vez, padre y madre; con-fusión entre dos figuras simientes y aterrorizadoras: padre fundador y madre nutricia, madre fálica y padre castrador heroico de glorias comunes.

Más prosaicamente, la legitimidad patriótica se expresa en las consignas políticas que atraviesan todo este período: desde el fraude patriótico de los conservadores en la década infame, aniquilar a la subversión apatrida de los comunicados militares, el de patria o muerte de las organizaciones armadas. Primero la patria después el movimiento y después los hombres, hasta más atrás en el tiempo, la formula irigoyenista de la causa, la patria, contra el régimen “falaz y descreído” la política se plantea en términos de dicotomías excluyentes, oposiciones irreductibles amigo-enemigo y su corolario natural: la concepción de la política como guerra.

Se trata de la presencia de K. Schmitt en Argentina, precisamente introducido por una publicación del nacionalismo católico a principios de los treinta desde la revista Criterio y su hipótesis central, que alcanzará sus correlatos fácticos en nuestra historia, la confrontación amigo-enemigo y la guerra como hecho empírico irreductible.

Precisamente a partir del Iluminismo, del humanismo burgués, se trata de superar, trascender y terminar con todas las guerras, esa ha constituido su responsabilidad histórica, es el concebir a la guerra como algo anormal, excepcional, transformo una guerra real en guerra absoluta sin limites, pues “se desarrolla bajo la forma de última guerra de la humanidad”. En nombre de la humanidad se le niega al enemigo su humanidad, se lo absolutiza, transforma enemigo real en absoluto; si al enemigo real no hacía falta destruirlo, ahora, transformando el enemigo en absoluto su destrucción llega a ser la meta de la guerra como imperativo humanista, donde no rige derecho porque es una lucha por el derecho y por lo tanto tampoco “reconoce derechos humanos” ; así la política y la guerra tienen que ser necesariamente inhumanas y el enemigo un monstruo inhumano.

Ejemplarmente el marxismo leninismo presenta en la contradicción, burgués y proletario en una única batalla final contra el último enemigo de la humanidad todas las batallas de la historia universal, en la medida en que reúne a todas las burguesías del mundo en una sola y a todos los proletarios en uno sólo.

En síntesis, la representación social del nacionalismo y su impronta autoritaria opera como la otra escena, el plano latente de la democracia ficcional proscriptiva del período 30 -76; si esta se reconoce en un plano real que da cuenta de las prescripciones institucionales, donde es posible identificar la historia del país y la memoria histórica, centrada en la dimensión del poder en preservar la historia oficial, el nacionalismo opera desde sus referentes ocultos donde adquieren entidad la historia de los grupos - creencias, valores, tradiciones - que se constituyen en memoria colectiva nacida de un sentido común hecho de prejuicios, estereotipos y que se transmiten de generación en generación.

*MIEMBROS de CIUDAD POLITICA. Carlos SAYAGO es titular de Psicología Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y Sebastián BARBOSA es Jefe de Trabajos Prácticos de Procesos Psicosociales de la misma institución. El Trabajo ha sido presentado en las primeras jornadas sobre Representaciones Sociales en el marco de la Cátedra Sayago.

Bibliografía utilizada:


Uribe. Los referentes ocultos de la psicología política. Ed. . Mejicana. Barcelona, 1998.

Moscovici, S. El psicoanalisis, su público y su imagen. Ed. Huemul. Argentina 1979.

Schmitt, K. El concepto de lo político. Ed. Struhart.Buenos Aires, 1994.

Dotti, J. E. K. Carl Schmitt en Argentina. Ed. Homo Sapiens, 2000.

Zanatta, L. Perón y el mito de la nación católica. Ed. Sudamericana, 1994.

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Autor Hilo
CIUDAD POLITICA
Enviado: 1/11/2003 13:59  Actualizado: 1/11/2003 13:59
Editor
Conectado: 21/10/2002
Desde: Buenos Aires - República Argentina
Envíos: 1548
 Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin
Estimados MIEMBROS de CIUDAD POLITICA:

El Lic. Jorge BALLARIO hizo un aporte a la discusión de este artículo y yo procedo a publicarlo para la consideración de todos ustedes.

Este es el comentario:

/////////////////////////////////
Si desde Ferdinand de Saussure sabemos sobre la polisemia constitutiva del significante; desde Lacán sabemos que esa polisemia está determinada por la "relación que se da entre los significantes", que un solo significante no
significa nada, que se necesita un mínimo de dos, que la significación no está soldada a ningún significante en particular, y que la misma ha de
advenir como un "efecto" del interjuego que se produce entre los significantes. Por lo tanto, la historia de significaciones, o de la representación social del nacionalismo en nuestro país (o en cualquier otro), está determinada por la mencionada relación entre los significantes
sociales o, en todo caso, por la estructura significante de la ciudadanía argentina.

Si tomamos estos conceptos lacanianos, y la definición de Moscovici -"una representación emerge donde existe un peligro para la identidad colectiva, que inevitablemente ha de generar una toma de posiciones contradictorias"-, para analizar, por ejemplo, la famosa y actual frase que circuló recientemente por nuestro país: "que se vayan todos", obtendríamos que la misma contiene intolerancia, seguramente vinculada a los significantes autoritarios de nuestro pasado. Si se realizase plenamente ese enunciado, y
se fuesen verdaderamente todos, entonces, debería quedar uno, el uno de la excepción, "el amo", dado que alguien tiene que mandar y poner orden.

Cordiales saludos.
Ps. Jorge BALLARIO.
jab53@arnet.com.ar
/////////////////////////////////

Espero que enriquezca el debate sobre este artículo.

Atentamente,

Lic. Roberto Reale
Director CIUDAD POLITICA

Respuestas Autor Enviado
 Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin"> Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin Pedrito 3/12/2004 20:41

Autor Hilo
RicardoDuro
Enviado: 26/10/2003 14:17  Actualizado: 26/10/2003 14:17
Miembro Coordinador
Conectado: 22/10/2002
Desde: Argentina, Buenos Aires
Envíos: 218
 Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin
Estimados MIEMBROS de CIUDAD POLITICA
Estimado Director, Lic. Roberto Reale

Primeramente, gracias por acercarnos el pensar de un dúo de profesionales difíciles de abordar si no se está en los círculos de influencia directos de la Universidad de Buenos Aires.
Y seguidamente, pasaré a sumar disquisiciones “cínicas” sobre este buen artículo, “Para contribuir a la confusión general” (1)

Estimados Lic. Carlos Sayago y Lic. Sebastián Cruz Barbosa

Uno.
Si el nacionalismo está “signado” por la polisemia ¿podemos pensar en él desde “la” representación “legítima”? ¿No sería esta “unisémica”?
Estimo que es posible abordar con mayor profundidad psicopolítica el “origen” del nacionalismo y su permanencia; estimo que se debería “develar” una instancia previa a la instrumentación política de “ese sentimiento”.
Si es como los autores dicen en el párrafo final, “el nacionalismo opera desde sus referentes ocultos donde adquieren entidad la historia de los grupos - creencias, valores, tradiciones -…” ¿no deberíamos abordar el nacionalismo con el foco en el “suprasentido” del “amor” por “lo uno”, por “uno mismo”?

Dos.
Suponiendo que las cuestiones planteadas en el párrafo anterior, “Uno”, tienen una respuesta afirmativa, si el nacionalismo actualiza creencias y valores tradicionales, evidentemente estaríamos no frente a una circunstancialidad histórica “local”, sino ante la vigencia de un paradigma -¿PsicoSocioParadigma?- universal, que axiomáticamente tiene en los diferentes fundamentalismos contemporáneos su actualización perversa.

Tres.
Este artículo (además de los valores “historicistas” que posee) presenta al nacionalismo como con diferentes “marcas”; y una de las que rescata -sin mencionar otras, como si las que quedan ocultas fueran “buenas” o poco dignas de análisis- es la “impronta autoritaria”, a la que evidentemente “no aprueba”.
Pero ocurre que, si se observa -otra vez- con mayor profundidad, el componente autoritario es sustancia y “unidad” del nacionalismo. Max Webber era un “utopista” -si los autores lo citan correctamente-, al evaluar como “atípica de legitimidad” la psicoconcepción nacionalista de pertenencia, cuando en realidad justamente “es legitima” por responder no a la política sino al “inconsciente”. Y aquí vale agregar que la “estupidez” humana tiene su origen en la debilidad de conceptos, que sin duda tiene su origen en la fragilidad “de la carne”. Lo que produce la mirada hacia atrás, el apego a los recuerdos, la memoria y la dependencia de “ella”.
En suma, si nacionalismo es “padremadrismo” -y aún “pachamaismo”, con todo respeto-, se impone lo que alguna vez dijo Antonin Artaud (2): debemos “matar al padre”; ¿podríamos decir que habría que matar “al Nombre del Padre”? Por lo cual, la responsabilidad de un análisis no debe parapetarse en la interpretación “significante” de la realidad, sino en una prospectiva fundante.

¿Seguirá?
No sabemos si el nacionalismo tiene futuro, y me arriesgo a decir que no lo tiene. Lo que sí tiene futuro es la perversión. Y en política puede llamarse nacionalismo.
Esta posibilidad exige propuestas que la imposibiliten.

Cordialmente
© Ric Duró
Coordinador del Departamento de
FILOSOFIA de CIUDAD POLITICA
Baires. Octubre 26, 2003
filosofia@ciudadpolitica.com

(1) Título del libro del poeta y ensayista argentino Aldo Pellegrini, editorial Leviatán, 1987.
(2) Antonin Artaud, poeta, escritor, actor y ensayista francés del siglo pasado.

Las comillas sirven a los efectos de un llamado de atención crítico sobre el término encomillado, y es responsabilidad del autor de este comentario, salvo en los casos en que se han tomado literalmente expresiones del artículo original.

Respuestas Autor Enviado
 Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin"> Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin layco 29/10/2003 0:52
    Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin"> Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin Tigra 29/10/2003 11:10
      Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin"> Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin RicardoDuro 29/10/2003 22:46
        Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin"> Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin layco 30/10/2003 0:14
          Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin"> Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin RicardoDuro 30/10/2003 14:02
            Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin"> Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin Tigra 31/10/2003 20:38
              Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin"> Re: La representación social del nacionalismo en la Argentin RicardoDuro 2/11/2003 17:15